
Más allá de los datos serios que siempre buscamos para interpretar lo que ocurre en este planeta hay espacio para alegrías o tristezas. Muchas veces no puedo dejar de deprimirme por el sesgo que toman los acontecimientos, como cuando los gringos invadieron Irak, y en otras no puedo dejar de alegrarme como cuando en la reciente reunión del G-20 celebrada en Corea del Sur, los norteamericanos –encabezados por el cada día más pálido Obama– comprobaron que todas sus exigencias, que antes hubiesen hecho temblar al mundo, eran desoídas por los mandatarios de las otras potencias y los representantes de los países emergentes. Suena bien que la superpotencia –que bombardeó Belgrado sin la anuencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que lleva medio siglo bloqueando Cuba, que invadió Panamá y Granada, que destruyó la economía nicaragüense a través de los 'contras’ y, no hace mucho, tramó la caída del presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya– llegue a comprobar que, por el momento, sus deseos han dejado de ser órdenes. ¿Por qué me alegro? Simplemente porque sé que un mundo unipolar, manejado por una potencia adolescente como los EE.UU., no es un lugar seguro para vivir. No me hago ilusiones con los nuevos liderazgos, pero sí me entusiasma que ninguno de esos liderazgos pueda ser omnipotente y que por tanto haya necesidad de negociar. En las negociaciones, que están hechas de idas y venidas y también de trucos, presiones y trampas, siempre hay más posibilidades de encontrar caminos más justos y sensatos.Recuerden al tontito de Bush II vociferando amenazas y redoblando tambores de guerra contra Irak e invadiendo el mundo de mentiras con la complicidad de dos canallas como Blair y Aznar. Hicieron lo que se les dio la gana y los resultados, como es lógico, fueron y siguen siendo desastrosos. Mucho, muchísimo peores de lo que dice la mayor parte de la prensa internacional.Ahora el ex líder de esta infamia acaba de publicar un libro en el que justifica la tortura. ¡Sí, justifica la tortura! Cuando es sabido que las informaciones obtenidas bajo tortura, además de ser inhumanas, bárbaras e ilegales, suelen no contener más datos que los que los torturadores exigen escuchar, sean estos ciertos o no. El ex presidente de los EE.UU. se pasea ahora por su país firmando la basura que avala y repite una frase que solo un idiota puede tomar en serio: “El mundo es un lugar más seguro sin Saddam Hussein”.El único inconveniente es que esa seguridad se ve disminuida por el aumento gigantesco de personas que odian a los EE.UU. y que serían capaces de dar su vida para quitar la de un gringo o destruir un bien de ese país. Mató a uno que no fregaba y engendró a miles dispuestos a fregar