
La soberbia de la especie humana no se compadece de sí misma. Por tanto, es lógico que menos se compadezca de las otras especies animales. Lo que leí en la irreemplazable revista Etiqueta Negra no solo confirmó mis sospechas sino que me dio argumentos para amargarme con más intensidad cada vez que el espejo me revela que pertenezco al grupo de depredadores bípedos, vanidosos y egocéntricos más formidables que la naturaleza ha construido (o Dios, para que no haya excluidos que abandonen, en este instante, la lectura). Describe Charles Danten, veterinario canadiense, en su artículo 'El hombre es el peor enemigo del perro’, las maneras siniestras como el ser humano ha manipulado a los descendientes del lobo para obtener productos extraños destinados a satisfacer su curiosidad, llenar su bolsillo y reforzar su ego.Pregunta Danten: “¿En qué se parecen un lobo y un perro pekinés?”. En nada. En realidad, parecen tan distantes el uno del otro como una jirafa lo podría estar de un elefante. Pertenecen, sin embargo, a la misma especie con la diferencia de que el lobo, Adán y Eva científicamente comprobado de todos los perros, posee una lógica biológica, producto de la selección natural, que le permite no solo vivir en armonía con el medio ambiente, sino disponer de un organismo que está en armonía con las funciones que debe cumplir. Por el contrario, sus descendientes, alterados por la manipulación humana, enfrentan dificultades que, en muchos casos, le producen indecibles padecimientos. Afirma Danten que lobos y humanos “pertenecen al mismo nicho ecológico” y especula que el inicio de la relación entre ambas especies se dio cuando, luego de matar una loba, nuestros antepasados llevaban con ellos a sus cachorros. Estos se adaptaban perfectamente a su nueva 'manada’ y terminaban por creerse, como ocurre hoy con las mascotas, que pertenecían a la misma especie. Las historias relatadas sobre niños criados por lobos son fascinantes y confirman que los primeros años de vida marcan conductas difíciles de alterar. Los padecimientos de algunas de las por lo menos 400 razas caninas inventadas por el hombre son atroces y ya se han descubierto en ellas no menos de 300 enfermedades congénitas. Los labradores “están expuestos al enanismo, a problemas oculares, enfermedades en los huesos, hemofilia y alergias”. Los collies actuales tienen el hocico más largo y estrecho y los ojos más pequeños. “El 70% tiene problemas genéticos en los ojos y el 10% se queda ciego. Los perros de orejas colgantes sufren, casi todos, de otitis crónica”. El San Bernardo padece de “hipoactividad, intolerancia al ejercicio” y una deficiente regulación térmica de su cuerpo y deterioro de sus articulaciones. “Los cuartos traseros de perros pequeños, como el de agua, pomerania, shitzu o maltés, están tan deformados que el hueso de la rodilla se sale de su articulación al menor movimiento en falso”. La lista es interminable e invita a la vergüenza, a la reflexión y a leer el artículo de Danten en el número 67 de la revista Etiqueta Negra.